Carlos contó a Luis que en su trabajo lo comisionaron, por un año, para ir a Tijuana a poner orden en la filial de la empresa.
Le dijo que ya tenía todo listo, salvo que no sabía qué hacer con su vehículo, pues como era un regalo de sus papás, no pensaba venderlo ni tampoco quería tenerlo en desuso.
Con la confianza de amigos, Luis, quien no tiene auto, le propuso cuidarlo, usarlo, darle mantenimiento y a su regreso devolverlo.
Carlos, aceptó, pero propuso la firma de un contrato de comodato y estipularon que Luis se haría cargo de cualquier daño al auto.
Lee también: Mediación en divorcios: cómo Marco resolvió su caso sin juicios largos
De vuelta, Luis le entregó el carro a Carlos, pero con rayones y sumidas en la carrocería. Como lo estipularon, le pidió cubrir la reparación y dijo que sí, pero no cuándo.
Dos meses después, Carlos se presentó al Centro de Justicia Alternativa del Poder Judicial de la Ciudad de México (Niños Héroes 133, colonia Doctores, alcaldía Cuauhtémoc) para indagar si, a través de la mediación, podía lograr el pago de Luis y le dijeron que sí, pero requería la disposición de mediar con él.
Luis recibió la invitación y para zanjar ya la deuda, aceptó.
Luis alegó que no podía vigilar el vehículo las 24 horas del día, y que seguramente los daños habían ocurrido mientras el carro estaba estacionado.
Carlos llevaba el presupuesto de las reparaciones, que no ascendía a más de 5 mil pesos, le pidió a Luis cubrirlo incluso en tres quincenas, por lo que aceptó y firmaron el convenio de mediación, lo que puso fin al diferendo entre los amigos, respaldados por un documento legal cuya fuerza jurídica es la de una sentencia.