A Manuel le tocó algo que lo dejó marcado desde hace cinco años y que día tras día lo recuerda.

“Eran como las 11 de la noche y me hicieron la parada, dos chavos y un señor. Iban espantados, y uno de ellos me pidió que si los llevaba al de La Raza.

“Sentaron al señor en medio de los dos y yo lo miraba por el retrovisor. Uno de ellos me pidió que me fuera más rápido, porque su papá se sentía muy mal.

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“Como pude me fui entre los coches, porque se trataba de una emergencia, pero la verdad, al señor yo le vi dibujada la muerte en su cara, pues sólo iba recargado y con la boca abierta.

“Al llegar a la entrada de urgencias, el señor tosió y echó su último aliento, pero los chavos pidieron una camilla y lo ingresaron, pero ya estaba muerto.

“Yo ni pregunté, ni mucho menos cobré y eso fue los de menos, porque seguramente debí bajarme y reclamarles mi pago, pero por 95 pesos no valía la pena, así que me fui muy rápido del lugar.

“Pero la verdad que, por las noches, por el espejo retrovisor, me daba la impresión de ver al señor con su cara de muerto, era algo espantoso.

“No fue sino hasta que le hice una misa y bendije mi taxi que desaparecieron esas visiones, pero fueron tres meses de miedo y desesperación por el pasajero y la muerte que iba en mi carro”.

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