Atreverse a contar una historia no es fácil, pero Noé Hernández, quien tiene 70 años, nos narra una historia que le cambió la vida a bordo de su taxi
“En tiempos de lluvia, cuando manejaba uno de los minitaxis, tuve la fortuna de conocer a quien al cabo de un año se convirtió en mi novia y luego, año y medio después, en la compañera de mi vida.
“Era 1983, cuando no había tanto tráfico en la ciudad, y se transitaba sin tanto problema. Una señorita, vestida de enfermera, me solicitó llevar al hospital general.
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“En mi radio sonaba la canción de Camilo Sesto y ella me comentó que era uno de sus cantantes favoritos. Dejé que terminara la canción y, entonces, le hice la plática, fue amena y el viaje se hizo corto.
“La dejé y la seguí con la mirada hasta que ingresó al hospital. Pasó el tiempo y como a los tres meses, por esas cosas del destino, me volvió a hacer la parada; ella no se acordaba de mí hasta que le di detalles de nuestro primer encuentro.
“Antes de que se bajara, le pedí su número de teléfono; me lo dio y así empezamos a frecuentarnos; al tiempo nos hicimos novios, luego nos casamos. Ella siguió como enfermera y yo en el taxi.
“Tuvimos dos hijos, ella ya se jubiló, y yo lo hice apenas en enero de este año. Así que ahora, con dos hijos y tres nietos, cada que llueve y escuchamos a Camilo Sesto, nos acordamos de cómo inició nuestro romance”.
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